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Umbrella Academy: Dallas #01

Por Arturo • 12 - 6 - 2008 • Sección: Reseñas

Historia: Gerard Way.
Arte: Gabriel Bá.

The Umbrella Academy: Apocalypse Suite, la primer mini serie creada por Gerard Way y Gabriel Bá para Dark Horse y ganadora del premio Eisner 2008 a la Mejor Serie Limitada, es una historia cuya trama tiene tantos agujeros y cabos sueltos que resulta difícil definir en la primera impresión qué es lo que la convierte en una lectura tan agradable.

La historia tiene poco o casi nada de trasfondo, no hay casi ninguna explicación ni razón para ninguno de los sucesos que presenciamos, los hechos se muestran de forma en que todo se da por entendido para el lector y el final es un tanto tramposo.  Pero el ignorar estos aspectos le permite a la serie enfocarse en los miembros sobrevivientes de la Academia y sus relaciones interpersonales, lo cual a final de cuentas es lo que brilla en esta historia, aunado a la habilidad de Way de contar una historia con un ritmo preciso. Recapitulemos rápidamente:

Sir Reginald Hargreeves es un empresario famoso/alién quién trató de reunir niños nacidos sorpresivamente al mismo tiempo alrededor del mundo, reuniendo tan sólo siete, los cuales (con excepción de uno) demuestran increíbles habilidades y eventualmente son conformados en un grupo destinado aparentemente a salvar el mundo. Después de años de aventuras, la desaparición de un miembro y la muerte de otro, el grupo se separa debido a tensiones interpersonales para reunirse años después para asistir al funeral de su padre adoptivo.

Esa fecha coincide con el regreso de Número 5, el miembro de la academia que desapareció al futuro y regresó para advertir de un apocalipsis inminente que sucedería tres días después del funeral, lo cual sucede el mismo día que se desata un ataque pre-programado de un viejo enemigo que juró eliminar al equipo el día que se reintegrara. Casi al último momento el grupo se entera de la existencia de una organización que pretende utilizar a uno de los miembros de la Academia Sombrilla para desatar el fin del mundo y los héroes logran evitarlo más que nada por suerte.

Resumido de esa forma no parece tan impresionante, pero arroja a la mezcla un puño de conceptos extravagantes, poderes poco convencionales más excelentes diálogos y el resultado es bastante bueno.

El primer ejemplar de Dallas, la nueva historia de The Umbrella Academy, arranca por un lado directamente de las escenas finales del primer volumen y por otro lado de dos escenas aisladas y fuera de contexto con el resto de la serie. Es aquí donde vemos una vez más la habilidad de Way de acomodar puntos futuros de la trama de forma sutil y aunque en su momento es posible que se sientan extraños, no rompen necesariamente con el ritmo de la historia en general. Claro que eso no quiere decir que esta técnica no le llegue a fallar en uno que otro punto, ejemplificada principalmente en su elección de utilizar a Séance, el personaje menos desarrollado de la historia, como aquél que salvó el día al ultimo momento manifestando un poder no mencionado anteriormente.

Las escenas del primer volumen a las que me refiero son una matanza en una cafetería cuando varios hombre con trajes extraños, quiénes después nos enteramos pertenecen a un grupo llamado Temps Aeternalis, intentan capturar a Número 5, además de una mención casual de que sus viajes en el tiempo se relacionan de alguna forma con la muerte del presidente J.F. Kennedy.  Y es precisamente este presidente quién abre el ejemplar mientras pide ayuda a Hargreeves y sus chicos para detener al monumento a Lincoln, quién de repente se ha vuelto agresivo y puede disparar rayos mortales por sus petrificados ojos (resonando temáticamente con la primera aventura del volumen uno, donde los chicos se enfrentan a la torre Eiffel).

Ahora, a menos que hayas estado viviendo debajo de una roca y jamás hayas oído sobre el tema o visto la película JFK de Oliver Stone o al menos esa película sobre Nostradamus narrada por Orson Wells, sabrás que Dallas es la ciudad donde el presidente Kennedy fue asesinado y probablemente la inclusión de Abraham Lincoln en la escena de apertura no es casual si tomamos en cuenta las supestas “coincidencias” entre los asesinatos de ambos presidentes, así que probablemente más extravagancias se estén cocinando por este rumbo.

Los Temps Aeternalis reaparecen en este número para tratar de convencer una vez más a Número 5 de cumplir con su trabajo pendiente (el cual aún no sabemos de que se trate) o eliminarlo en caso de que se niegue, pero el pequeño hombre en cuerpo de un chico de 10 años es increíblemente letal y termina con todo el grupo hostil en tan sólo unos momentos, mientras elabora una curiosa analogía comparando a sus enemigos con tigres y a sí mismo con una gacela.

El resto del ejemplar nos muestra a los demás miembros del equipo y la forma en que lidian con las repercusiones del apocalipsis frustrado, ya sea la paz interna de Spaceboy por al fin haber cumplido su cometido, el regodeo en su nueva fama como salvador del mundo de Séance o la dificultad que tiene Allison para aceptar la pérdida de sus poderes, llegando incluso a torturar a su incapacitada hermana Vanya, la culpable de su dilema y por poco del fin del mundo.

En general el número es excelente, manteniendo el estilo de sus predecesores de evitar explicar demasiado y desarrollar a los personajes lo mejor posible, dejando que la historia se desenvuelva por si misma a su ritmo, dejándonos al final con un cliffhanger bastante clásico. El arte de Bá sigue siendo genial, con un estilo anatomicamente minimalista pero muy dinámico, con unos ambientes detallados y con cierta cualidad orgánica.

Una lectura recomendable al igual que el primer volúmen, pero recuerda aproximarte a ellos sin exigir que todo y cada uno de sus conceptos tengan sentido, porque la mayoría no lo tienen. Pero en un universo donde existen detectives/doctores chimpancés, monumentos asesinos y nacimientos vírgenes en masa, las explicaciones son algo que está de sobra.



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Arturo , el mandril de la barba enmarañada, pasa sus ratos escribiendo sobre su infantil afición motivado por promesas de fama, fortuna y mujeres, preguntándose si podría estar haciendo algo más constructivo con su tiempo. "¡Por supuesto que no!" se responde a sí mismo antes de regresar a su mundo de sueños, hipnotizado por el golpeteo de las teclas, olvidando poco a poco las fraudulentas promesas que antaño le hicieran. Excepto aquella sobre las mujeres.
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